Más que las ideas a los hombres los separan los intereses
Alexis de Tocqueville
A Andrea Hernández, que me escribió diciendo que este blog es una mierda.
Septiembre 3 de 2009. En su artículo “Un ratico de alegría para el pueblo cubano”, Norma Niurka, reseñadora del periódico El Nuevo Herald, que escribe de todo y no sabe de nada, nos descarga una enciclopedia de boberías. Los mexicanos tienen una sentencia maravillosa para definir a gente como Norma Niurka: “son pendejos con iniciativa”. La gacetillera trata de juzgar el comportamiento de los cubanos de Miami que no coinciden con ella, y se pregunta: “¿Por qué un sector del exilio ha tenido por décadas la extraña fijación de sentirse responsable de regir el destino de los habitantes de la isla? ¿Por qué esta rara consigna de oponerse a todo tipo de contacto entre cubanos de aquí y de allá, y tratar de impedir que artistas extranjeros actúen en la isla o la visiten? Al menos que yo sepa, ni siquiera los grupos más radicales desde la década de los años 60´s, hasta la actualidad, han pretendido regir el destino de los habitantes de la isla. Ese papel se lo ha arrogado la dictadura castrista. El exilio cubano militante-no esa masa amorfa que ha emigrado por hambre y no siente ni padece por la falta de libertades en Cuba- sólo ha intentado convertirse en el mejor reservorio de los valores de nuestra nación, al mismo tiempo que ha luchado y derramado sangre, con tal de restaurar la libertad y la democracia en la isla. No se ha sentido responsable de regir el destino de los cubanos, se ha sentido responsable de luchar contra la dictadura que le impone un destino contranatura a los cubanos. Un destino que es el responsable de la miseria, el hambre, la amoralidad, la falta de dignidad, de ética, de responsabilidad y de solidaridad en que vive sumergida la nación cubana. El exilio digno, que es el que me interesa, y no el de esa emigración chusma que no sabe la diferencia entre honor y sumisión, porque nacieron y se criaron en un perverso nido de víboras de doble moral, herederos de la generación que gritaba ¡Paredón!, y ponía carteles en la puerta de la casa que rezaban ¡Fidel esta es tu casa! ¿Por qué esa absurda manía de estos paladines de una reconciliación imposible mientras continúe existiendo el castrismo, de tratar de hacer creer al mundo que el exilio se opone al contacto “de cubanos aquí y de allá, y tratar de impedir que artistas extranjeros actúen en la isla o la visiten”. Quien se opuso y se opone es el gobierno de La Habana. Quien explota esa necesidad natural en una nación dividida, saca millones de dólares a costa de ese dolor y limitó y limita esos contactos es la dictadura comunista. Es el castrismo quien decide quién entra y quién no a Cuba. Quien exige a los cubanos en el extranjero tener una visa en el pasaporte más caro del mundo para entrar a su propio país. El exilio nunca ha intentado impedir que actúen artistas extranjeros en Cuba, lo que ha intentado es que esos artistas no se restrieguen con placer en la cama de los victimarios de una nación, tal y como han hecho tradicionalmente, como si no pasara nada, como si las cárceles no estuvieran llenas, como si Cuba no fuera una nación martirizada por 50 años de crímenes y odios. Esos artistas no van a reunirse con los cubanos, van a codearse con la elite castrista, tal y como han hecho desde Oscar de León hasta Juanes y Miguel Bosé, pasando por Verónica Castro, Binicio del Toro y Oliver Stone. Pero esto no es nada nuevo. Antonio Maceo se pasó dieciséis años peregrinando sin rumbo por un mundo indiferente y hostil a la libertad de Cuba, en el que sufrió tres intentos de asesinato, y no vaciló en defender la causa de la libertad aún en contra de sus propios amigos, como fue el caso de Antonio Zambrana, miembro de la Asamblea de Guáimaro, que era su amigo y apoderado, al que le retiró la amistad, tras levantar su copa durante un banquete español en Costa Rica, para brindar por Alfonso XIII. Para Maceo aceptar la autonomía era un acto de cobardía. No podía haber términos medios y la única alternativa digna era “libertad o muerte”. O como le dijo en carta a José Dolores Poyo: “La libertad no se mendiga. Se conquista con el filo del machete.” La señora Niurka demuestra que es my bruta cuando afirma: “No se puede dar un concierto por la paz en Cuba porque allí no hay paz, han dicho los opositores del concierto. Bien, si no hay paz, entonces viene bien que sea en pro de la paz”. La verdad es que nadie sabe de dónde sacó esa estupidez. Porque, en primer lugar, lo que algunos argumentaron fue que para qué un concierto por la paz si en Cuba no hay guerra. Y en segundo lugar, el exilio nunca se opuso a que Juanes fuera a cantar a Cuba. El colombiano tiene todo el derecho a cantar donde le dé la gana. Lo que se le cuestionó es que diga que es apolítico, que es por la paz, que es por la unión de los cubanos, y no sé cuántas idioteces más, cuando junto a él estarían Silvio Rodríguez y Amaury Pérez, en un ambiente represivo, con la imagen del Che Guevara de guardián, en complicidad con altos jerarcas del castrismo, y sometido a las condiciones de los sicarios del régimen. Juanes puede cantar donde le plazca, pero por qué hacerlo en Cuba, donde lo primero que tiene que hacer es pedir permiso para cantar, para las cosas que puede decir (“Juanes preguntó a Abel Prieto si se le permitiría mencionar la palabra libertad en el concierto y éste le dijo que sí”, asegura la propia Niurka, ¡qué patético!) y luego bajarse los pantalones y darle el culo al castrismo. Juanes puede decir lo que quiera, pero en Cuba todo es político. Por eso al actuar en Cuba donde un régimen militar gobierna hace 50 años fue la decisión más asquerosamente política que pudo tomar. Y su presencia llevó un poco de circo a los cubanos, a cambio de legitimar al castrismo. Pero, como también dicen los mexicanos, “la culpa no es del indio, sino de quien se lo hace compadre”.
Septiembre 3 de 2009. Venticuatro prisioneros políticos de la causa de los 75 firmaron una carta de apoyo al concierto de Juanes, porque consideraron que era una oportunidad para avanzar en la reconciliación de los cubanos. La respuesta no se hizo esperar. La represión aumentó en los días previos al concierto. Ahora recuerdo que en momentos en que unos pocos se enfrentaban al gobierno inconstitucional de Fulgencio Batista-la “dictablanda”, como me gusta decirle cuando la comparo con la de los hermanos Castro-, se organizaba el II Gran Premio de Cuba, con la intención de mejorar la imagen del régimen de Fulgencio Batista. Fue entonces que el Movimiento 26 de julio decidió que Cuba no estaba para fiestas y secuestró a Fangio. La reconciliación de los cubanos no pasa por conciertos y pachangas, pasa por el civismo y la dignidad de un pueblo, que hasta ahora históricamente ha elegido doblegarse convertido en apacible comparsa, cada vez que algún enemigo se apodera de sus derechos, llámense independencia, libertad o democracia.
Septiembre 9 de 2009. Nicolás Pérez en su artículo “La visita de Juanes” dice: “un grupo de exiliados (…) calumnió a troche y moche sobre supuestas sumas de dinero que le había pagado a Juanes el gobierno de Cuba por su complicidad. Un circo. La búsqueda de protagonismo de musiquillos y artistas de pacotilla insultando a un cantante genial”. El pobre, parece que no quiso enterarse de que a Juanes lo patrocina “Havana Club”, la misma empresa del castrismo que lo llevó a La Habana a negociar el concierto. Además, es evidente que es un neófito musical con el oído cuadradito, cuadradito. Pero Juanes se encargó de demostrárselo el día 20 de septiembre en La Habana. Se pasó toda la tarde gritando en una inexplicable mezcla entre Shakira y Eros Ramazzotti –quién sabe por qué- y desafinando todo lo que le daba la gana. Nada, que si Juanes es un cantante genial, yo soy Pavarotti.
Luego, el infeliz escribano afirma que apoya a Juanes por tres razones:
“para bien o para mal va a mover fichas” Y sí, las movió: generó mayor represión a los opositores internos, Raúl Castro le quitó el almuerzo a los trabajadores, la prensa del mundo entero dice que el concierto fue un éxito, Chávez lo usó de propaganda en la ONU, Fidel Castro lo elogió en una de sus reflexiones, el Granma defenestró a Arturo Sandoval, ahora Cucú Diamantes es una gran cantante censurada por el exilio intransigente, etc, etc, etc.
“este concierto de Juanes ¿no puede ser el inicio de otros posteriores con otras reglas del juego?”. Ya sabemos qué se necesita para que haya otros conciertos: artistas como Willly Chirino se tienen que ganar la visa- o sea doblegarse (como Juanes y Bosé, tal y como vimos en los videos de la bronca en el hotel nacional) y ponerse al servicio de La Habana- si quieren cantar en su propio país.
“jamás perderé la confianza en mi pueblo (…) en política, al igual que en la pelota, no hay nada escrito hasta el último inning. ¿o no?”. El asunto está en que el pueblo de Cuba jamás ha sido un pueblo con dignidad a la hora de enfrentar poderes despóticos. La filosofía del negro esclavo en el barracón consume el alma de la nación: “Aquí lo que hay que hacer es no morirse”. Le recuerdo a Nicolás Pérez que la dignidad y el decoro de la nación cubana históricamente ha caído sobre los hombros de unos cuantos. No por gusto fuimos los últimos en liberarnos de España-cientos de cubanos lucharon contra los mambises, muchos querían la autonomía y muchos más deseaban la anexión. De no ser por la traumática intervención norteamericana, que ha servido ancestralmente de pretexto para justificar nuestra inconsistencia política, ética y moral, todavía estaríamos fajados con los españoles-, las tropas de Maceo en su campaña en Pinar del Río no pasaban de unos cientos, la huelga del 1930 contra Machado fue un fracaso, contra Batista sólo pelearon unos cuantos y a Castro lo apoyó la inmensa mayoría. Es por eso que en el último inning poncharon a la confianza que tenía Nicolás en su pueblo. Porque, como dijo el doctor Zartucha a la muerte de Maceo, “tenemos el gobierno que nos merecemos”. Y no es fatalismo o determinismo histórico, es la pura y cruda realidad.
Septiembre 11 de 2009. Enrique Santos, un ex policía al que le regalaron un micrófono en la radio-como a otro ex policía le regalaron la alcaldía del condado de Miami Dade y lo está destrozando a base de soberbia e incapacidad-, para que juegue a ser líder de opinión, mientras destroza el español-su primera lengua es el inglés- y la ignorancia le carcome cuerpo y alma, en un alarde de vacío intelectual, en una entrevista que le hace Erwin Pérez de El Nuevo Herald, dice: “Mi lema es: respeto para Juanes; libertad para Cuba”. Y agrega: “no ha dicho nada para ofenderme; no ha dicho que ama a Fidel o a Raúl, o que está de acuerdo con ese sistema”. Como si hiciera falta que lo diga. El simple hecho de pararse en la plaza junto a personajes como Silvio Rodríguez y Amaury Pérez, que fueron capaces de firmar una carta para que fusilen a tres pobres negros, lo hace cómplice de los desmanes de ellos y del sistema que representan, porque la baja catadura moral de estos dos no dignifica a Juanes. Pero no podemos pedirle a Santos que dilucide esto. Es obvio que, en conflicto con sus intereses, quiere quedar bien con Dios-Juanes- y con el Diablo-el exilio-, y cuando eso pasa sólo resalta su estupidez. Razón tenía Einstein: “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.
Septiembre 18 de 2009. Normando Hernández González, desde la prisión de Kilo 7 en Camagüey, Cuba declaraba: “si el hombre de la camisa negra se deja utilizar por los que tienen el alma más negra, sería cómplice del crimen”. Proféticas palabras. Hoy Juanes es un cómplice más del castrismo.
Septiembre 18 de 2009. Osvaldo Payá, premio Sajarov del Parlamento Europeo, declara: “Son Bosé y Juanes los que deben definirse diciendo si apoyan o no la liberación de todos los prisioneros promotores de la paz”. Monumental silencio de respuesta.
Septiembre 19 de 2009. Raúl Alarcón revela que “en varias ocasiones fui convocado para reunirme en mi casa junto con Juanes, y otros ejecutivos y artistas de la industria, entre ellos el señor Emilio Estefan y Willy Chirino. El único propósito de las reuniones era para que de buena fe Juanes lograra incluir a varios artistas cubanos que residen en Miami en Paz sin Fronteras ya que si se le iba a cantar al pueblo cubano, debían estar presentes los cantantes cubanos en el exilio, algo que hubiera demostrado que la real apertura se estaba dando, y como Dios manda, sin restricciones ni censuras”. El permiso fue denegado por Cuba, como era lógico. Una cosa es que se arme el circo con inofensivos gaticos extranjeros, y otro que a ese circo vayan a rugir verdaderos leones. Alarcón coloca una clave: “los artistas deMiami (…) siendo cubanos, tienen tanto derecho, si no más, de cantarle al pueblo de Cuba”. Este mismo día se conoce que a Olga Tañón le prohibieron que cantara temas conocidos en la voz de Celia Cruz.
Septiembre 19 de 2009. Gorki Águila, de Porno Para Ricardo, afirma: “El Estado cubano manipula. Y si te unes a él pagas el precio de unirte al Diablo”. Juanes lo vivió en carne propia.
Septiembre 20 de 2009. Juanes y sus cirqueros dan el concierto. Artísticamente hablando, un fiasco. Organizacionalmente hablando, un desastre (más de 1500 personas desmayadas por falta de agua, control policial de las primeras filas, tarima backstage derrumbada, un negro con bandera cubana bajado del escenario a la fuerza, a pesar de que Juanes le pidió que subiera, la gente sin transporte para regresar a sus casas…) Y políticamente hablando, manipulado por el gobierno de forma absoluta. El colmo de la manipulación es que Juanes resulta ser tan imbécil, que se hace eco durante el concierto de lo que le dicen los castristas a Bosé, de que en la plaza hay más de un millón 150 mil personas (todos los papagayos lo repetirán por el mundo), cuando todos sabemos que allí, en un espacio de 72 mil metros cuadrados, caben a duras penas medio millón de personas, y pudimos ver los grandes espacios vacíos y el final de la plaza sin gente. Pero allí estaba la representación de un pueblo esclavizado al que no le interesan ni sus derechos ni sus libertades. Y ni siquiera le interesa apoyar a quienes tienen el valor de reclamarlos por ellos. Quizás porque, como decía Ortega y Gasset, “la mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella”.
Septiembre 21 de 2009. Juanes es despedido en el aeropuerto de La Habana por Aleida Guevara, la hija del asesino Che Guevara, una vocera del castrismo.
Septiembre 21 de 2009. Juanes regresa a Miami y declara que estaba “feliz por sembrar una semilla muy bonita”. Y asegura que después del concierto “hicimos una tremenda fiesta en el lobby del hotel, cantamos con el maestro Vicente Feliú porque nos sentíamos muy agradecidos con el pueblo de Cuba”. También Fernando del Rincón, periodista de nota roja de programas televisivos regresó de Cuba donde le impidieron trabajar como periodista y según él fue intensamente vigilado.
Septiembre 21 de 2009. Se comenta que el comentarista radial argentino residente en Miami, Javier Ceriani, ha sido detenido en La Habana por sacar un cartel con la palabra Libertad, luego de recibir una paliza por dos mujeres policías, según versiones filtradas a la prensa por su productora, que se niega a declarar en cámara, al mismo tiempo que hace llegar fotos de Ceriani supuestamente en su habitación del hotel Vedado a las televisoras locales canal 41 y canal 8. Pero nadie pudo confirmar las versiones de que realmente estuviera retenido en su habitación del hotel Vedado.
Septiembre 21 de 2009. Una nota del Granma es muy elocuente al plasmar que “Cuba cumplió escrupulosamente y con gran altura los compromisos con el evento promovido por Juanes: consagrar a la paz el concierto, no manipular políticamente una expresión cultural”. Esto demuestra varias cosas: que La Habana manipula estos eventos, que el simple hecho de que se dedique a la paz ya es una posición política en sí misma, y que todas las condiciones, como dice Bosé en un video que demuestra la verdadera naturaleza del concierto, fue pactado.
Septiembre 22 de 2009. La emisora El Sol 95.7 saca al aire una grabación de una fuerte discusión que Juanes tuvo horas antes del concierto con autoridades cubanas frente a los elevadores del vestíbulo del Hotel Nacional, en la que Juanes protesta porque se siente vigilado. Y RCN de Colombia revela un video donde Miguel Bosé declara muy molesto que “lo han pactado todo”. Las primeras pruebas contundentes de que las advertencias del exilio eran bien fundamentadas.
Septiembre 23 de 2009. Javier Ceriani llega a Miami y le dice a la periodista Graciela Mori que recibió un golpe por la espalda y fue llevado a un cuartel, pero no se le ve ninguna evidencia de golpes. A Radio Martí le dijo que “dos individuos de civil se le abalanzaron violentamente y lo sacaron de la plaza”.
Septiembre 23 de 2009. Un video le da la vuelta al mundo, en el que se ven a Juanes y a Miguel Bosé enojados y amenazando con no dar el concierto, porque están cansados de ceder, a pesar d que lo han pactado todo. Una brutal evidencia de que estos personajes fueron manipulados, humillados y chantajeados a más no poder.
Septiembre 24 de 2009. Sí, la estupidez humana es infinita. Y Norma Niurka vuelve a la carga con “Encuentro musical con el pueblo cubano tiende puentes”. Y lo hace cuando las mentiras, manipulaciones, falsedades, silencios y complicidades alrededor del concierto de Juanes ya han salido a la luz. Decir que el concierto tendió “un puente entre los cubanos de aquí y de allá” no sólo es una aberrante mentira, es de un grado de imbecilidad que raya lo inverosímil. “Cuba libre, es tiempo de cambiar y una sola familia cubana”, esas famosas frases que tanto enarbola Norma Niurka como pruebas del éxito de Juanes, son sólo ambigüedades que ni se asemejan al discurso del Papa Juan Pablo II, y como las de aquel, son sólo palabras que se las lleva el viento, y es que los regímenes totalitarios no creen en palabras. Los cubanos de aquí hace muchos años que tenemos tendidos el puente, es el castrismo quien lo bloquea. Los cubanos dignos de aquí y de allá llevan 50 años gritando Cuba Libre, mientras los miles que vn a la plaza a oír a los Castro o a Juanes, se lo toman. Los cubanos de aquí y de allá siempre hemos sido una sola familia, por eso el castrismo se empeña en mantenernos divididos. El exilio no es el que divide. El exilio es una parte de esa división artificial creada por el castrismo.
Septiembre 24 de 2009. A Juanes le gritan comunista en Nueva York cuando se niega a hablar de los presos políticos cubanos.
Septiembre 25 de 2009. Javier Ceriani declara a El Nuevo Herald que permaneció detenido en una estación policial móvil, y que tiene dolores en la espalda y un hematoma en el rostro.
Septiembre 25 de 2009. Ese fariseo oportunista llamado Carlos A. Saladrigas dice en El Nuevo Herald que “El exilio habló y Cuba bailó”, y justamente ese es el problema. El exilio intenta darle voz a los que en Cuba no pueden o no se atreven, mientras en Cuba se entregan al festín espurio de la recholata y el choteo. Este miope alabardero que a la fuerza busca convertirse en un líder de opinión, cuando no tiene ni la autoridad moral ni intelectual para ello, propone un estándar para medir la efectividad de estos eventos, que según él deben servir a tres objetivos fundamentales:
¿contribuyen a la reunificación de la dividida familia cubana?
¿abren espacios, ventanas y oportunidades para el pueblo cubano y para la oposición?
¿ponen el enfoque en el pueblo y en su bienestar?
Hoy, después del concierto, y siguiendo los parámetros de Saladrigas, se impone una verdad de Perogrullo: este concierto fue rotundamente inefectivo. ¿O acaso alguien puede demostrar lo contrario? Según Saladrigas, “algo muy importante se hizo evidente con este concierto y es la creciente desconexión entre el exilio y el pueblo cubano”. Este tipo no es cínico. Es mala idea. Lo que hizo evidente este concierto es la falta de solidaridad del mundo con Cuba. El oportunismo mediocre de muchos seudoartistas. Y que la nación cubana no está fracturada por culpa del exilio. No se puede culpar a la consecuencia de los males generados por la causa. Es cierto, “el pueblo no es lo mismo que el gobierno”, pero los pueblos viven su existencia como consecuencia de lo que han sido y de las circunstancias que han provocado y tolerado. Y Cuba se ha hundido, porque el cubano es demasiado hedonista. La nación se ha fundado sobre la base de preferir el goce al sacrificio- y no digo que esté mal, pero asumamos esa realidad de una maldita vez y no le pidamos peras al olmo. Quizás a eso se deba que abundan los buenos poetas, escasean los novelistas y brillan por su ausencia los filósofos.
A Saladrigas es bueno aclararle que es extraordinario que existan Vigilia Mambisa y su aplanadora-son parte del carnaval de alternativas-, y que no pueden arrasar con nuestra imagen y con nuestro mensaje, porque al final romper discos de Juanes no es un acto de violencia, es una protesta pacífica protegida por la Constitución. Es el acto de una minoría, un perfomance tan inútil como folclórico, tan pintoresco como intrascendente, tan teatral como tolerable, amparado en que la primera enmienda nos da el derecho a disentir y protestar. Lo trágico de todo esto es que nadie le prestó atención a un cartel de Vigilia Mambisa que decía que Castro es cómplice de los asesinos terroristas de las FARC-quizás eso debería interesarle más a Juanes antes de ir a Cuba. Pero en un mundo donde a un energúmeno llamado Evo Morales la ONU lo nombra Héroe mundial de la madre tierra y a un asesinoterrorista como Fidel Castro lo nombran héroe mundial de la solidaridad, no podemos esperar que Juanes entienda la verdadera dimensión de su estúpido e inútil espectáculo.
Septiembre 25 de 2009. Olga Tañón dice “Juanes también se vio vigilado. Pudo pasar lo que haya pasado, pero lo que pasó fue un micro de lo que fue un macro. Lo más que me gustó fue que no se habló de política. Hicimos historia”. Nada, confirmado: culo grande cerebro pequeño.
Septiembre 26 de 2009.La junta de Educación de Union City canceló la actuación en la gala de una escuela Superior de Union City de Cucú Diamantes, por su participación en el concierto de La Habana. Cucú dijo que deberían “alentar la libertad de expresión y la tolerancia”, pero Cucú olvida que fue a cantar en un país donde el gobierno no permite esos derechos y tiene a cientos encarcelados por reclamarlos, y que ella no pidió que Cuba se abriera al mundo. La tolerancia, Cucú, no es one way. Y uno tiene que aprender a asumir la consecuencia de sus actos. Y si en esa escuela el 85 % son inmigrantes cubanos, tienen el derecho de decidir qué quieren ver. Después de todo, no oír a Cucú es bueno para los oídos y para la salud mental.Esta chica, que quién sabe de qué forma emigró a Italia muy joven, debería saber que ir a Cuba a llevarle un poco de circo manipulado a la gente sumisa, que calla sin decoro ante la opresión en nombre de la paz, mientras hombres dignos como Oscar Elías Biscet, Darsi Ferrer y Omar Saludes sufren tortura y prisión por oponerse pacíficamente a la dictadura es inmoral. El problema con muchos artistas, como con muchos políticos, es la falta de audacia, valentía y bravura.
Septiembre 26 de 2009. La prensa cubana dice que el video que ha visto el mundo fue manipulado. Aunque nadie sabe cómo se puede manipular un video en el que Juanes denuncia que lo vigilan, pero el Granma dice que Juanes estaba nervioso y el espía era el Sommelier del hotel. Mientras Fernán Martínez, el representante de Juanes dice que está de acuerdo con el Granma, y que todo fue porque Juanes estaba muy nervioso.
Todo parece indicar que la historia de los videos no termina aquí, y parece ser que aunque abiertamente en la discusión en el lobby del hotel nacional, Juanes se niega a ir a su habitación, luego lo obligan a ir a ella, y existe alguna grabación donde es presionado y obligado a dar el concierto. La resaca del concierto por la paz, que estuvo bastante cargadito de violencia verbal antes del concierto aún no termina. Esto, al parecer, apenas comienza. Hay muchas cosas hediondas detrás.
Como si no hubiera pasado nada, este cínico habla maravillas, a pesar de que todos hemos visto cómo le fue a él y a sus seguidores en Cuba. Ahora sí que a este tipo no lo libra de su patético comportamiento nadie. Ni aunque se lo pida a Dios.
El video muestra el show tras bambalinas de Juanes y sus cirqueros en La Habana. Una vez más el exilio se puede llenar la boca para decir: !se los advertimos pobres pendejos! Y lo terrible es que después que decían que no iban a subir a ninguna habitación que hablaran con ellos allí en el lobby del Hotel Nacional, los obligaron a subir a la habitación, y allí los amenazaron y les exigieron hacer el concierto. Los tres corderitos, asustados, se echaron a llorar y se doblegaron, aceptando las condiciones:se quedaron todos los borregos que el régimen les puso en la zona VIP. Pobres idiotas útiles. Juanes, Olga Tañón y Miguel Bosé deberían explicar públicamente cuáles fueron las concesiones que hicieron a La Habana, cuáles las humillaciones, chantajes y maltratos a que fueron sometidos por parte del aparato represivo del castrismo. Hablaron tanta cáscara de piña por la paz que se lo deben al mundo. Han vivido el terror que viven los cubanos a diario, y si quieren salvar un poquito su dignidad y credibilidad deben enfrentar públicamente las consecuencias de sus actos. Porque después de este fiasco algunas cosas quedan claras: 1. Debió escuchar a los cubanos que le dijimos que eso sería un acto político, porque el simple hecho de dar un concierto por la paz en Cuba ya era en sí mismo una declaración política, pero nadie escarmienta por cabeza ajena. 2. Que la carrera de Juanes se resentirá después de este fiasco. 3. Que Juanes no tiene en este momento una gota de credibilidad, y que quedó demostrado que su poder de convocatoria es de una pobreza penosa, pues no pudo convocar a ningún artista relevante.
El arte de agradar es el arte de engañar Luc de Clapiers
Los romanos lo descubrieron y el castrismo lo practica: al pueblo, pan y circo. Aunque este domingo en La Habana no hubo ni agua y el circo que nos dieron Juanes y sus cirqueros fue de malísima calidad. Incluso fue una muestra de la decadencia y vejez de algunos de los presentes: Víctor Manuel, Amaury Pérez, Aute y Danny Rivera la máxima expresión. Para colmo de males, Olga Tañón sin voz. Juanes demostrando todas sus carencias vocales y su incapacidad para improvisar. Y si de improvisación se trata, el final desorganizado y caótico evidenció el amateurismo de los organizadores en este tipo de espectáculos masivos, que alcanzó el clima primero backstage, cuando se derrumbó una de las tarimas en que estaba la prensa, y después cuando ninguno de los invitados extranjeros se sabía la letra de lo que se cantaba, y Olga Tañón fue incapaz de cantar ninguno de los versos de Martí que musicalizó Van Van. Quizás lo más significativo de este concierto por la paz es la poca capacidad de convocatoria que tuvo el infeliz de Juanes, quien no logró arrastrar consigo a ningún cantante de verdadero impacto artístico, pues ni Miguel Bosé ni Olga Tañón son primeras figuras en ninguna cartelera significativa. Ya no hablemos de los restrojos que arrastró: Cucú Diamantes dio lástima (Yerba Buena es yerba mala, desde que Xiomara Laugart, lo único importante de ese grupo, los dejó), y el tal Jovanoti (Bosé lo presentó como un crack), muy conocido en su casa a la hora de comer, fue la nota humorística en medio de la gran farsa, haciendo el ridículo con sus torpes payasadas. Hay que decir que, artísticamente hablando, sólo Orishas logró conmocionar verdaderamente a los espectadores (por cierto, la infeliz Cucú, los presentó en singular), mientras la dosis de espectáculo la puso Van Van, y la de nostalgia Silvio, con su “Ojalá”. Lo demás, para el olvido. Pero dejando a un lado la pobreza artística, analicemos algunas de las claves políticas que allí se mostraron. Miguel Bosé hace alarde de mala memoria o de mala fe, cuando dice “la guerra es una mierda”, justo en el mismo escenario desde donde la dictadura castrista legitimó con sus discursos el envío a la muerte de miles de cubanos en las guerras de Angola, el Congo y Etiopía. Y en las guerrillas de Bolivia, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. La peripatética Cucú pidió que “el mundo se tiene que abrir a este país”. La chica no sólo es fea y mala cantante, sino encima es bruta y mala persona. Porque ella vive en Nueva York y tiene acceso a toda la información, y sabe perfectamente que es Cuba quien está claustrofóbicamente encerrada en sí misma. Carlos Varela, que dejó hace mucho de ser contestatario en una Cuba donde la oposición es de una vitalidad y entereza cada vez mayor, apareció vestido de negro (y yo hubiera querido ver ahí una sutil protesta, pues el negro es el color del luto, pero esa protesta no existió, porque él gusta de ese color para sus conciertos)con un letrero paródico que decía: “Tengo una camisa blanca”, y cantó una canción ambigua y etérea sobre la verdad, que era más vacía que el estómago de los cubanos que estaban en la plaza, pero con una frase que les venía a todos los presente-incluído Varela-como anillo al dedo: “la mentira se disfraza como la verdad”. Y al mismo tiempo, veíamos al baterista que lo acompañaba con una calavera en su pullover. Y mientras Juanes dedicaba el concierto a “todos los cubanos, estén donde estén”, y pedía “cambiar el odio por amor”, las tomas de las cámaras se cansaron de restregarnos en la cara la esfinge del asesino del Che Guevara, responsable de tantos fusilamientos. Y cuando él y Bosé le dijeron al joven negro que ondeaba una bandera cubana que subiera al escenario, los policías de la seguridad del estado enseguida se encargaron de bajarlo, para recordarle al colombiano quién mandaba allí. La llegada de Van Van, además de ser el cierre del evento y el único momento de show de la tarde, trajo consigo los momentos más significativos-sin duda alguna, la historia de la música popular cubana habrá que escribirla antes y después de Van Van, aunque hace mucho que la agrupación no hace nada verdaderamente relevante, y ha mostrado una gran decadencia artística en los últimos años. Primero nos mostró a un Juan Formell muy drogado diciendo: “duélale a quien le duela, ya se hizo el concierto por la paz, está bueno ya”, demostrando una vez más que todo lo que tiene de buen músico lo tiene de energúmeno. Sobre todo cuando sabemos que a pesar de lo mal que habla del castrismo en privado (cosas de la doble moral y el oportunismo), en público tiene que pagar el hecho de que el régimen haya liberado a su hijo Samuel, percusionista y líder de la banda, de la prisión que cumplía por el asesinato en primer grado de una anciana a la que mató para robarle.
Este domingo Formell, que dijo que “Gorki no tiene nada que hacer ahí, porque no hace nada de valor”, y que dijo que "muchos músicos de Miami no tienen derecho a tocar en la Isla, porque no son importantes a nivel mundial”, sólo se cogió, como se dice en cubano callejero, el culo con la puerta, porque mientras el concierto por la paz era una tragicómica exhibición de mediocridades, Gorki hacía en Miami algo de mucho valor, del valor que no tiene él ni ninguno de los que estuvo allí, al decir lo mismo que ha dicho en Cuba con inmensa dignidad: “el mal de mi país se llama Fidel y Raúl”. En los instantes finales, cuando comenzaron a nombrar países (yo, quién sabe por cuál trasiego de mi memoria emotiva, escuchaba “Ya viene llegando” de Willy Chirino)Juanes gritó “Estados Unidos… también Miami” (el público, quién sabe por qué extraño y ambicioso trasiego de esperanza, deliró), y luego nombró a Los Aldeanos y a Silvito “El libre” (Yotuel se lo soplaba al oído), en un claro reconocimiento de lo que ya todos sabemos: Juanes negoció el concierto, y no pudo escoger a los artistas cubanos que hubiera querido que le acompañaran, porque el castrismo le negó rotundamente la presencia de artistas de Miami, que son verdaderos ídolos en la isla: Willy y Gloria. Y le prohibió que subiera al escenario de la plaza a los de la isla que en verdad tienen algo que decir. Luego, los gritos de ¡Cuba libre!, y de ¡una sola familia cubana!, fueron los únicos momentos de verdadera autenticidad en la tarde más ambigua que Cuba haya vivido en los últimos 50 años, mientras la masa amorfa, sin dignidad, se entregaba al vago gozo del circo, las maromas y el teatro. Y es que las masas no tienen ni ideología ni decoro. La dignidad es una virtud practicada por unos cuantos elegidos. Y esos cuantos este domingo no estaban sobre el escenario ni debajo. Estaban amordazados, vigilados y amenazados o encarcelados. Ojalá Juanes haya aprendido en este viaje que quien tiene dividida a Cuba es la misma dictadura a la que le tuvo que pedir permiso para hacer este concierto. Y también que, como decía Cicerón, “la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.
Este artículo de Zoé Valdés, en su blog http://zoevaldes.net/ al que le pongo un link debajo, es sin duda, desde ya, una lectura obligada para entender a Cuba lejos del cotidiano proceso reduccionista de análisis en que lo quieren encerrar muchos, dividiéndolo todo entre buenos y malos, y olvidando los matices, que son infinitos. Recuerdo ese concierto de Carlos Varela, porque yo estuve grabando como parte de un equipo de jóvenes realizadores de la televisión cubana. Los invito a esta fabulosa Misa para camaleones.
La polémica alrededor del concierto de Juanes en La Habana es saludable, y nos muestra una realidad con muchos lados. Una realidad que es como una mirada hecha a través de un prisma, que es capaz de descomponerse para darnos puntos de vista de todos los colores. En un extremo está el simbolismo exaltado, que a algunos les parece ridículamente primitivo, del grupo de exiliados Vigilia Mambisa, que quema una camisa negra y destruye discos del cantante a martillazos, y en el otro están el vacío ideológico y la conceptualización reduccionista del dúo de cantantes, izquierdistas radicales, Víctor Manuel y Ana Belén. A los primeros, los segundos les llaman extrema derecha, anticastristas, fanáticos, gusanos, y cuanto calificativo creen que puede resultar peyorativo. A los segundos, los primeros les llaman castristas, comunistas, extremistas de izquierda, y cuanto calificativo creen que puede resultar definitorio de su calidad ideológica. Los segundos creen que son superiores a los primeros, porque intelectualmente los apabullan: son artistas, y creen que esta categoría los hace humanamente superiores. Creencia ancestral arraigada en la conciencia de artistas e intelectuales. Los primeros creen que son superiores a los segundos, porque se sienten poseídos por el divino elíxir de la razón. Creencia profundamente incrustada en la piel de cualquiera que haya sufrido las vicisitudes de un exilio forzado, los vituperios de los culpables de su destino y la violencia ejercida por el poder que los desarraiga, los humilla, los desgasta, los ningunea, los utiliza y los elimina siempre que puede. Pero, ¿cuál de los dos extremos tiene la verdad a la hora de decidir si Juanes hace bien o mal en ir a La Habana a dar un concierto por la paz? La verdad es que eso no me da ni frío ni calor. Los dos bandos tienen el derecho legítimo de atrincherarse en sus extremos. De la misma manera que Juanes tiene todo el derecho de cantar en La Habana, y yo de no comprar sus discos. De Juanes creer que lo hace por la paz, y yo de creer que es un idiota útil. De Juanes pensar que el concierto va a ayudar a abrir las mentes, y yo de pensar que va a abrir falsas creencias en posiciones aperturistas del castrismo. En todo esto lo que realmente me interesa es darme cuenta de la falta de solidaridad y comprensión que existe en el mundo ante el sufrimiento del pueblo cubano. La insensibilidad e indiferencia que sufrimos los cubanos ante cincuenta años de crímenes de estado, hambruna, destrucción, despojo de todo patrimonio y destierro. Y todo como consecuencia del antinorteamericanismo más radical e ignorante. En el asunto Juanes lo más notable no es lo que puedan manifestar los extremos, ni lo que pueda pensar o hacer determinado actor inclinado hacia una posición extrema o moderada, sino lo que piensan y escriben aquellos que se consideran la intelligentzia y se manifiestan a través de la prensa. Y no me voy a referir a los argumentos que usan, para desde una pretendida posición de centro inclinarse hacia el extremo derecho o hacia el izquierdo, según les convenga en un mismo artículo o reflexión-cualquier similitud con el comandante en retiro gastrointestinal no es pura coincidencia-, para desde una falsa objetividad, llevar la balanza en contra de lo que en realidad es lo más importante: la libertad y la democracia en Cuba. Y no lo hago, porque entonces tendría que entrar en una larga e interminable disquisición filosófica, para tratar de demostrar que la derecha no es tan mala como la pintan los de la izquierda ni la izquierda tan inteligente y buena como se pinta así misma. Y sobre todo, porque no es el momento de hablar de jacobinos y girondinos, sino de Juanes y los periodistas que hablan de Juanes, queriendo ignorar los signos anticubanos que el cantante dibuja en su fatua gestualidad pacifista, aunque-quiero creer que así es-la fatuidad sea consecuencia de su ignorancia histórica (evidente), su incultura (obvia), su insensibilidad política (desbordada) y su lenguaraz y vacua egolatría (desmedida) Pero hay dos casos que me llaman poderosamente la atención, a los que voy a dedicar mi análisis: Julio Sánchez Cristo, colombiano. Y Carlos A. Saladrigas, cubano. Julio Sánchez Cristo, un periodista colombiano famoso, siempre cercano de los poderosos políticos colombianos-desde el ex presidente Pastrana hasta el actual presidente Uribe-, cuando se trata del tema cubano, tiende a inclinarse hacia posiciones coincidentes con el castrismo, que se extravían entre la ignorancia y la mentira. En su artículo La mirada de Juanes, publicado en El Nuevo Herald, dice, refiriéndose a Silvio Rodríguez y Amaury Pérez Vidal “según periodistas reconocidos en Miami, firmaron una carta apoyando el fusilamiento de tres muchachos en el pasado”. Sánchez Cristo no sólo es inmensamente mezquino, es muy poco profesional. Pretende poner en duda que lo que estos periodistas afirman sea cierto, aun cuando la carta con las firmas de Silvio y Amaury es pública. Más aún, cuando él ha manifestado en su programa de radio que conoce quiénes firmaron esa carta, al decirle en conversación telefónica al periodista Ricardo Brown que Pablo Milanés no estaba entre los firmantes. Pero en el párrafo final, Sánchez Cristo no sólo hace periodismo barato, sino que, tratando de justificar a su compatriota, miente, descaradamente, al decir: “Lo que él quiere (refiriéndose a Juanes) es poner a pensar al mundo en el drama de Cuba (…), un joven que sólo quiere decir con su guitarra que es tiempo de cambiar. Hay sinceridad, este no sólo es un buen cantante, es un buen ser humano, no quiere hacerle daño a nadie. El resto está en la mirada de Juanes”. Para que el mundo piense en el drama de Cuba Juanes hubiera podido hacer muchas cosas que nada tienen que ver con ir a cantar a Cuba, en compañía de dos paladines del castrismo y todos los horrores que este representa: fusilamientos, prisioneros políticos, represión, carencia absoluta de libertades, miseria y alianza con los totalitarismos, las dictaduras y los movimientos guerrilleros más despiadados del mundo, que van desde los Kmer Rojos hasta el terrorismo islámico, pasando por las guerrillas narcoterroristas de Colombia y el chavismo. No es con la guitarra con lo que Juanes va a decir en La Habana que es tiempo de cambiar, sino invitando, para que lo acompañen en esa tribuna, artistas cubanos de la isla que llevan años pidiendo cambios, como Pedro Luis Ferrer. Pidiendo la libertad de Oscar Elías Biscet, un médico negro que muere lentamente en una celda de castigo, y la de cientos de disidentes. O pidiendo que a los cubanos no se les prohíba el acceso al internet. No dudo que Juanes sea un buen ser humano, pero de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Tal vez Sánchez Cristo tiene razón cuando dice que el dolor de un cubano en el exilio sólo lo entiende un cubano. Tal vez por eso él, Juanes y todos los que piensan como ellos debieran ser más solidarios y menos complacientes con una dictadura tan cruel y sanguinaria. Por demás, el resto no está en la mirada de Juanes, porque la mirada de Juanes es demasiado estrábica. Otro que deambula por las cada vez más indigentes páginas de El Nuevo Herald-le abre su espacio con frecuencia aterradora a personajes que no tienen nada que decir-, es Carlos A. Saladrigas. Después de leerlo durante mucho tiempo no logro dilucidar si este hombre es ingenuo o dueño de una perversa necesidad de figurar, que lo lleva a exhibir sus profundas carencias intelectuales-el intelecto no se compra con dinero-, que lo desacreditan como un interlocutor válido-otro derecho que se gana, no se compra-, aun cuando desde hace casi ya una década él se autopromueve como un conservador moderado que ha llegado para ocupar el vacío de liderazgo dejado por Jorge Mas Canosa. Saladrigas, que jamás será un líder de nada en el ámbito político para los cubanos, pues ni siquiera tiene el talante y la estatura intelectual que alcanzó en la era republicana el primo de su padre Carlos Saladrigas y Zayas-vale destacar que en una entrevista radial con Edmundo García, Saladrigas evidenció que desconoce la historia de Cuba (también el diletante de Edmundo) y de su propia familia, pero eso es harina de otro costal-,dice en su artículo Juanes y su concierto, que "inmovilistas dentro del régimen castrista adelantaron a la prensa internacional la noticia de que el cantautor Juanes planeaba un concierto en Cuba”. Una tesis tan falta de seso que no merecería comentario, de no ser porque mucha gente mal informada puede ser confundida, y porque Saladrigas piensa que “a la larga tiene más fuerza influir con las ideas”.
¿Por qué Saladrigas dice semejante bobería, cuando el viaje de Juanes a Cuba el 24 de junio llevaba el respaldo de uno de sus patrocinadores (el ron Havana Club) y la implícita negociación de las condiciones del concierto? ¿Cree a estas alturas Saladrigas que en el régimen castrista hay alguien con poder decisión que no sea inmovilista? Habría que explicarle a Saladrigas, que la publicación de la idea del concierto salió el día 25 de junio en Prensa Latina, vocero internacional del castrismo, con previa aprobación de la jerarquía, como una forma intencional de politizar la visita de Juanes. Que Saladrigas crea que realizar el concierto “conlleva riesgos al hermetismo del régimen”, sólo habla de su falta de visión política y de su abismal desconocimiento de la sicopatía represiva del castrismo y de la alta capacidad de manipulación que ejerce sobre débiles mentales como Juanes. Saladrigas no sólo es políticamente ignorante-si no es político, como ha dicho, sino un hombre de negocios, hágase a un lado y no estorbe-, sino musicalmente neófito, dice que en el repertorio de Juanes “hay canciones que llevan un mensaje poderoso de libertad, solidaridad y esperanza”. He escuchado todos los discos de Juanes, y no he podido encontrar eso que dice Saladrigas. Algunas de las piezas más celebérrimas de Juanes dicen vaguedades y tonterías como: Esta vida es un esplendor/un arcoíris de ilusión… No existe la razón, el arte es la televisión/Nadie pone el corazón en lo que hace (canción: “Abre tu corazón”) O frases hechas, insípidas, cursis y humana y éticamente confusas, al estilo de éstas: A Dios le pido/que más nunca te me vayas mi vida…/que mi alma no descanse/cuando de amarte se trate, mi cielo/Que mi pueblo no derrame tanta sangre/y se levante mi gente (canción: “A Dios le pido”). Aunque quizás el colofón se encuentre en canciones como la inefable “La camisa negra”, que habrá de morir en un rincón olvidado donde se lave la bobería musical: por beber del veneno malévolo de tu amor/yo quedé moribundo y lleno de dolor. O en la inmutable “Fotografía”, con una estrofa tan frívola que lastima al escucharla: y en la distancia te puedo ver/cuando tus fotos me siento a ver/y en las estrellas tus ojos ver/cuando tus fotos me siento a ver. Y de la parte musical ni hablamos. Es el sonido Juanes tan malo, repetitivo y poco creativo, que sólo lo supera otro mediocre como Ricardo Arjona. Saladrigas trata de aleccionar al exilio, de regañarlo, porque según él “no es creíble, ni sostenible (…) ser el árbitro de lo bueno o malo para Cuba. Para eso están las voces de los cubanos en la isla”. ¿Quién le dijo a Saladrigas que Cuba sólo son los cubanos de la isla? Esa es la postura tradicional del castrismo y de sus atalayas ideológicos en Miami, de bajo estamento moral y ético, que van desde la delincuencia periodística hasta la cívica. Por demás, el exilio no ha sido-ni siquiera con los martillazos de Vigilia Mambisa- árbitro de nada. Las voces sólo le han reclamado a Juanes su innegable complicidad con dos comisarios culturales como Silvio y Amaury (superiores como compositores y cantantes a Juanes) Su fruslería, vanidad y ligereza a la hora de plantearse un evento de este tipo en La Habana, que más allá de que sirva para que lo vean miles de cubanos, será un vehículo del castrismo para trasmitir al mundo las imágenes románticas de un evento musical, y maquillarlas como una manera de apertura del sistema. Saladrigas le pide al exilio prudencia, como estrategia para que el castrismo cancele el concierto. Primero, eso no va a suceder ni aunque el exilio sea mudo. Nunca desperdiciarían una oportunidad de propaganda como ésta. Y segundo, el exilio ha sido prudente y civilizado. Cansado como está de que tanto insensible alrededor del mundo lo juzgue prejuiciadamente y le dé la espalda, la reacción lógica ante desafíos como el de Juanes podría ser más fundamentalista. Total, los “projuanistas” ni se inmutan con los desmanes en Palestina o en Irán. Justo es en esos lugares donde debería Juanes organizar conciertos por la paz. Claro, son países que no le reditúan venta de discos. Por cierto, deberíamos pedirle al antioqueño Juanes, que ya que encabeza la Fundación Mi Sangre, le pida a los Castro que quite las minas antipersonales que rodean la base naval de Guantánamo, donde tantos cubanos han muerto despedazados intentando escapar de eso que Chávez llama “el mar de la felicidad”. Sería la mejor manera de que haga algo por los cubanos. El balance de Saladrigas cierra con una mentira rotunda: “La historia de (…) las transiciones europeas fueron precedidas por numerosos intercambios culturales”. Esta sentencia no resiste análisis. La historia ha registrado las verdaderas razones que provocaron esas transiciones –ya sea en la España franquista o en la Europa socialista- y los caminos que llevaron a éstas. Pero la causa por la libertad y la democracia en Cuba está llena de cubanos como Saladrigas, que conspiran contra ella por convicción o por idiotez, al afirmar que Juanes puede ayudar a “quebrantar las estructuras totalitarias y represivas”. La Cuba de hoy está saturada de rumba. La lata, el palo y el ron se han convertido, junto con el choteo del que nos previno Mañach, por enajenación sociocultural, en la desgracia de la nación. Ya lo dijo Pánfilo: Jama, lo que Cuba necesita es Jama, y para eso no hace falta el concierto de Juanes, hacen falta voces que se alcen pidiendo libertad y democracia. Hacen falta muchos maleconazos. Muchos más disidentes. Muchos más Oscar Elías Biscet, y menos complicidades de los Sánchez Cristo y los Saladrigas, que juzgan, condenan y demeritan al exilio cubano con confabulaciones degradantes e histórica y políticamente inmorales.
Barack Obama, presidente de Los Estados Unidos de América, ha demostrado, en los meses que lleva en La Casa Blanca, que no es lo mismo gobernar que estar en medio de una campaña electoral donde lo importante es decir cosas bonitas para ganarse la confianza de los votantes. Como presidente, Obama nos ha enseñado lo que algunos vimos en él durante la campaña: es soberbio, arrogante y testarudo. Pero sobre todas las cosas es un tipo que miente para lograr lo que quiere. Primero nos dijo que era de vida o muerte que se aprobara la ley de estímulo económico, porque de no hacerse el desempleo llegaría al 9 %, y eso nos hundiría en una depresión económica catastrófica que haría palidecer a la gran depresión de los años 30’s. Sin embargo, 7 meses después, la ley ha sido un fiasco-aunque diga que se frenó la caída en picada de la economía-, porque el desempleo está en el 9.5 % y seguirá subiendo-en algunos estados es de dos dígitos. Pero el presidente, empantanado en su mentira, nos pide paciencia cuando hoy sabemos que la ley ha sido un instrumento político más que económico, y que las grandes masas obreras y la clase media norteamericana no nos hemos beneficiado en nada. Para rematar, han implementado el aumento salarial, algo que en estos momentos es un grave error, porque con la economía contraída conducirá inevitablemente a mayor desempleo. Los pequeños y medianos empresarios no podrán costear el incremento. Ahora está apurado porque rápidamente se apruebe una ley de energía que pretende usar energía verde para ayudar a disminuir el calentamiento global en medio de una crisis económica mundial donde potencias como China, o potencias emergentes como Brasil, no regulan su producción energética y son dos de los países que más contaminan. La ley de energía nos va a costar a los contribuyentes miles de millones de dólares en fuentes energéticas alternativas sin que esté demostrado que el efecto invernadero y el calentamiento global sean causados por los efectos de la contaminación de la atmósfera. Y por el contrario implicará mayor endeudamiento en préstamos con países como China, que es el principal acreedor de Estados Unidos. Y como si no fuera suficiente, el presidente Obama quiere que sea aprobada de forma precipitada una nueva ley que reforme el sistema de salud, porque según él es la única manera de disminuir el déficit presupuestario de la nación, ya que los gastos en el sistema de salud son demasiado caros e ineficientes. Sin embargo, la comisión de presupuesto del Congreso de Los Estados Unidos-nombrada por un Congreso demócrata- ha dicho que el déficit aumentaría en más de un trillón de dólares. Además, la reforma al sistema de salud que pretende Obama no garantiza que se conserve la calidad de los servicios médicos, ya que nos conduce inevitablemente a un sistema de seguros públicos, la burocratización y la ineficiencia. Obama debería preocuparse por eliminar la corrupción, el despilfarro y las carencias del sistema actual en lugar de hacer borrón y cuenta nueva e imponernos una especie de seguro universal que por el camino que va puede resultar un escandaloso fracaso, a pesar de ser una iniciativa bien intencionada. Sólo hay que recordar que de "buenas intenciones está empedrado el camino del infierno" Pero el presidente está apurado porque sabe que su popularidad está en declive, y que si espera a que pasen sus primeros dos años en la presidencia, la correlación de fuerzas políticas en la Cámara de Representantes y el Senado puede cambiar y le sería muy difícil implementar sus políticas liberales. La presidencia de Barack Obama es un fracaso-aunque los fanáticos de la izquierda puedan ver precipitación en esta sentencia. Y sólo nos queda esperar a que pasen cuatro años, para saber si el país quedará en peores condiciones que las que nos dejó Jimmy Carter.
Hablábamos de esto y de lo otro. Del fantástico milagro salvador de las mariposas, que ya no iban a morir de asfixia. Del miedo que se ahogaría en el lago de los delirios. De los millones que iban, y de que iban, iban, aunque tuvieran que desangrarse los viejos trenes. De los pies que sembrarían la tierra con sus huellas majestuosas. De los gritos que estaban floreciendo bajo la cuidadosa mirada del rey que empinaba su corona. Hablábamos como una mujer desnuda en medio de un prostíbulo, cuando el fracaso empezó a forjar su rostro. Y el desencanto se apoderó del furor. Y la tormenta campeaba por sus respetos, en la soledad que rompía las luces en todas las ciudades, arrancándole el corazón a los salmos rojos. Hablábamos de cómo pasaban las sombras por el verdísimo mar, mientras los cañaverales arrasados convertían a la isla en una hermosa trampa, en un desierto, en un urinario donde los dioses son ánimas solas e indefensas.
Debería haber un ritual para nacer dos veces… Silvia Plath
Cuando se abrió la reja de la celda, yo ya estaba muerto de miedo. Había oído decir que si abrían tu celda a las tres de la mañana no volvías a ver cómo la cerraban.
-Levántate hijo de puta, que te vamos a fusilar.
Es duro descubrir que no tienes vocación de héroe ni de mártir, cuando ya estás metido entre las patas de los caballos. Y comienzan a patearte. Y te pinchan con las puntas de las bayonetas. Y las costillas se te rompen como galleticas de sal socatas. Y escupes muecas tintas en sangre. Y un par de dientes saltan de tu boca. Y eres un feto, que se niega a salir de aquel útero húmedo y apestoso, con sus paredes de piedras coloniales. Y Mallarmé te susurra sus versos de opio y alcohol sobre la tumba de Poe:
Si nuestra idea hostil a la nube y al suelo
con ambos en la tumba de Poe no esculpe, oh, duelo,
y en un bajorrelieve guirnaldas no coloca,
granito aquí clavado por un desastre oscuro,
de la Blasfemia al menos que un límite esta rocamar
que a los vuelos negros sueltos en el futuro.
A golpe limpio me sacaron al patio, con los ojos vendados y en compañía de las ofensas de moda: burgués, mariconcito, católico, pervertido…Y sentí lástima por aquellos muchachos que, de tanto hacerlo, disfrutaban torturar la fragilidad de los cuerpos apresados en un tétrico episodio de la historia, bajo la eufórica influencia de la lógica victoriosa de los plebeyos que, obsesionados con la idea de matar con rabia a los vencidos en medio de ambientes lúgubres, pretenden arrebatarle a la víctima lo único que puede darse el lujo de conservar: la dignidad. Cuando el motor del camión dominó la banda sonora de aquella escena y las luces me dieron en la cara, pasó por mi cabeza la consoladora idea de que aquella iba a ser una noche orgiástica, y que no iba a morir solo. Cuando me quitaron la venda de los ojos y pude ver al camión dar la vuelta e iluminar al palo de la muerte, supe que estaba equivocado.
¡Pelotón!... ¡Apunten!... ¡Fuego!
La descarga fue fulminante.
A golpe limpio me regresaron a la celda, con los ojos inyectados de sangre y acompañado de un silencio grueso que me mordía con saña, hasta convertirme en un espectro indiferente. Y sentí odio por aquellos muchachos. Y otra vez fui un feto negándose a nacer dos veces. Y no pude llorar la muerte de mi hermano Lolo.
Yo no tenía rostro cuando el smog de México se miró el furor en mis pulmones. No era nadie en la soledad del piso prestado, en el frío que congelaba la mesa vacía, en la galletica con mantequilla y el batido de mango. Yo no era nada. Todo era gris con pespuntes negros. Ninguna mujer abría sus piernas en mi cara, era invisible. Yo estaba lúcido cuando me dieron treinta puñaladas por la espalda. Estaba lúcido. Pude ver el murmullo del mar asomado al balcón con su venenoso oleaje esmeralda. No tenía rostro y sentí mis ojos llorar. No tenía lengua y recé sin saber hacerlo. Recé con la foto de mi hija entre las manos. Y Dios me escuchó. Me tragó de un bocado, para después vomitarme en silencio, como pez boqueando de asfixia, en la playa falsa de Miami, delante de unos locos que me dieron boca a boca y un pedazo de pan y un trabajo de parrillero asando pollos tropicales. Después, una ambulancia y una camilla en la que iban y venían los jodidos de un lado a otro. Luego, una escalera en la que aún espero pescar incendios, o al menos alguna llamita (para escribir un verso). O un epíteto. O quizá mi propia esquela.
El gobierno legítimo de Roberto Micheletti, nombrado por el Congreso de ese país, máxima instancia institucional, ha demostrado que está dispuesto a defender la democracia, la legalidad y la institucionalidad hondureña que el “comemelones” de Zelaya violentó. Se mantuvo firme, no cedió ante las presiones, y no dejó que el avión pagado por Hugo Chávez, que traía al traidor Zelaya (acompañado de ese franco simpatizante de Fidel Castro-el dictador más despiadado y que más tiempo haya permanecido en el poder en Latinoamérica-, que hoy ocupa la presidencia de la Asamblea General de la ONU, llamado Miguel D’Escoto- Descroto le dicen algunos) aterrizara en el aeropuerto de Tegucigalpa.
Pero la escaramuza aérea provocó que los simpatizantes del destituido presidente, que se agruparon para recibirlo, fueran reprimidos, tras intentar apoderarse violentamente del aeropuerto y transgredir las leyes y disposiciones del legítimo gobierno de Micheletti. Y, según la policía hondureña, con un saldo de 2 muertos y dos heridos. Zelaya ignoró lo que le pidió la Iglesia Católica del país, a través de su cardenal Oscar Andrés Rodríguez, de que no regresara para "evitar un baño de sangre, hasta el día de hoy no ha muerto un solo hondureño, por favor medite porque después sería demasiado tarde”. Evidentemente ya es demasiado tarde.
"En nombre de Dios, detenga esa masacre", dijo Zelaya en un exhorto al jefe militar del país Romeo Vásquez (Zelaya es un tipo sin dignidad y sin memoria; ¿cómo se atreve a pedirle semejante cosa al hombre que días antes destituyó injustificadamente para satisfacer sus ambiciones dictatoriales, provocando toda esta crisis?), transmitido por la cadena televisiva Telesur, mientras Zelaya se acercaba en un avión a Tegucigalpa. Pero es evidente que es Zelaya él único y absoluto responsable de los muertos y heridos, debido al irresponsable e ilegal comportamiento que ha asumido antes de ser derrocado y el que continúa manteniendo desde entonces, instigado por la turba de malandrines, matones. ignorantes y pedófilos que gobiernan los países en los que se construye el Socialismo del Siglo XXI; un Frankestein ideológico sobre el que ni ellos mismos pueden teorizar.
Del intento por llegar a Honduras caben destacar varias cosas:
1. Ninguno de los que dijo que acompañaría a Zelaya en el regreso lo hizo. Miedo hubo, sin duda. 2. Chávez, acostumbrado a que se le aflojen las piernas, ni fue en el avión, ni ha mandado las tropas como prometió en una más de sus fanfarronerías. Sabe que el ejército hondureño no es jamón y está bien entrenado. 3. Zelaya no aterrizó en El Salvador, donde le esperaban los presidentes chanchulleros que se acobardaron: Cristina, Lugo y Correa, sino en Managua, donde el otro parlanchín de Ortega se atrincheró sin decidirse al viajecito frustrado-recordemos que no se le conoce acción militar alguna a este engendro sandinista durante la guerra contra Somoza-, pero después se fue a El Salvador con el resto de la tribu que lo apapacha, en espera de instrucciones de Chávez y Fidel Castro, quien es el que está manejando tras bambalinas los hilos de estos acontecimientos. 4. Micheletti declaró que está dispuesto a hablar con la OEA, pero que el regreso de Zelaya no es negociable. 5. La prensa internacional (AFP habla de 30 mil personas, cuando las imágenes de la televisión demuestran que es mentira, pues los manifestantes eran unos cuantos cientos) quiere mostrar a toda costa que hay un apoyo masivo de los hondureños al regreso de Zelaya. Algo que no se ha demostrado en las manifestaciones callejeras. El apoyo a Micheletti es mayoritario. Y los muertos: un niño (quién carajo lleva a un niño a un acto violento) y una mujer acuchillada, en lo que resulta un acto delincuencial y no una acción de militares, que no mostraban bayonetas en sus armas. Lo que nos dice que la manipulación de la prensa de izquierda es una de las argucias que comienzan a usar contra Honduras. 6. Micheletti ha denunciado el movimiento de tropas de Nicaragua hacia la frontera con Honduras, y ha dicho que repelerá cualquier ataque. Ortega lo negó. No se atrevería a lanzarse solo en semejante aventura. Si lo hace no le va a ir bien con los hondureños. Por demás, cualquier acción militar injerencista movilizará a las tropas de Estados Unidos. Y el final será otro, y muy rápido. 7. Zelaya pidió a Estados Unidos que intervenga en la crisis política que sacude a su país y que imponga sanciones al Gobierno interino. Dijo:"Creo que a partir de mañana la responsabilidad de esto también recae sobre las potencias, especialmente sobre los Estados Unidos, que teniendo una fuerza tan grande (...) debe tomar acciones. Si los Estados Unidos de América van a convivir con golpistas se termina la democracia en América”. Esto es el colmo del descaro y el cinismo. Ahora resulta que están pidiendo una intervención americana para reponer en el poder a este imbécil. ¿Por qué no piden lo mismo para países gobernados por dictadores como Cuba y Venezuela? Más le vale a Obama andarse con pies de plomo y dejarse de pendejadas con estos sátrapas totalitarios.
Otros hechos a destacar en esta tragicomedia es que la OEA suspendió a Honduras, pero ya Honduras y su presidente legítimo habían renunciado. Lo curioso e hipócrita es que esta misma OEA aprobó el levantamiento de la suspensión a Cuba. Una dictadura militar de 50 años, que tiene decenas de periodistas y disidentes en prisión, y tiene suprimidas todas las libertades y derechos humanos de los cubanos.
También es lamentable que el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hayan anunciado que congelarán los préstamos al pequeño país centroamericano, donde más de un 70 por ciento de sus casi ocho millones de habitantes viven en la pobreza, mientras que Chávez anunció que no les enviará más petróleo. Chantaje contra un pueblo que lo único que ha hecho es defender la democracia de un delincuente que quería usurpársela.
Por otro lado, la OEA, convertida en un clan de dictadores disfrazados de presidentes, se niega a reconocer que lo que ha hecho Hugo Chávez en Venezuela y lo que pretenden hacer Correa, Morales y Ortega son golpes de Estado camuflados de procesos electorales amañados y fraudulentos. ¿Por qué la OEA no actúa cuando Chávez despoja a Ledezma de la alcaldía de Caracas, y da un golpe de Estado por decreto y coloca a una chavista para que usurpe ese cargo? Algo que llama la atención en esta historia es que el "pendejo" e "inmoral" de Insulza, según lo calificó el propio Chávez, aceptó que el pedófilo de Ortega, el dictadorzuelo de Raúl Castro y el golpista de Chávez, propongan un embargo a Honduras, cuando califican de crimen del imperio al embargo que Estados Unidos aplica a Cuba con razones sólidas, tratándose de una dictadura que apoya al terrorismo internacional.
Nos queda claro, que alguien sea elegido democráticamente como presidente de un país no le da carta blanca para convertirse en un delincuente democrático. El voto del pueblo no se puede usar como herramienta de impunidad. Todo presidente democrático tiene que mantenerse dentro de la legalidad y hacer sólo las cosas para las que fue elegido: gobernar para el bienestar del pueblo. Si viola ese principio, que se atenga a las consecuencias. El mensaje de Honduras a Chávez y su pandilla del ALBA los debe haber puesto a temblar. Honduras, Micheletti y sus instituciones han puesto el honor político de Latinoamérica en alto.
Tras impedir que Zelaya regrese, la democracia hondureña se apuntó un gran éxito. Sólo queda esperar cuál va a ser la posición de Barack Obama, quien equivocadamente se apresuró a tomar partido por el lado de los perdedores. Por ahora, a Zelaya y su patrocinador Chávez, el tiro les salió por la culata.
Este señor, que siempre está sentado del lado jacobino, y con una visión reduccionista y parcializada de los acontecimientos políticos que comenta, ha dicho en su artículo “Jugando con Candela” (El Nuevo Herald, 5 de julio del 2009), que se “logró producir un golpe de Estado bien curioso, empresarios, medios, ricos, jueces y militares unidos contra el ejecutivo”. Pero se lo olvidó decir que más del 67% de la población, según las últimas encuestas, desaprobaba la gestión de Zelaya, y estaba en desacuerdo con las acciones que estaba llevando a cabo para cambiar la constitución de Honduras. Dato este que se refleja en que las protestas populares en contra de la deposición de Zelaya hayan sido mínimas en todo el país. Y los hechos que han provocado derramamiento de sangre en el aeropuerto, en el intento de Zelaya de regresar a Honduras, fueron provocados por la instigación de éste a sus seguidores para que tomaran por la fuerza el aeropuerto. Para Sánchez Cristo, lo que intentaba hacer Zelaya en Honduras sólo era un acto de infinita torpeza política, y de equivocado timing. No señor, lo que hizo Zelaya fue violar la ley, violentar la constitución, desobedecer los otros poderes del Estado, cometer abuso de poder y traicionar el mandato presidencial que le dio el pueblo, al tratar de atentar contra la institucionalidad de la nación. No sea mezquino y miserable, señor Sánchez Cristo, en su intento por minimizar los delitos del delincuente de Zelaya. No conforme con su torpeza intelectual, Sánchez Cristo continúa diciendo:Censuran a los medios, control unificado de todas las instituciones y un ridículo discurso, según el cual el Presidente violó la ley y por eso lo tumban. A eso le suman la historia de una matanza en 1975 en una finca de su padre y lo más inverosímil, el fiscal le dicta orden de captura por 18 delitos. Es tan cantinflesco este capítulo, que uno se preguntaría por qué razón los militares que lo sacaron del país, con semejante supuesto prontuario, a cambio de expulsarlo, no lo metieron a la cárcel. Simplemente porque todo es un montaje terriblemente calculado con daños sociales de magnitudes difíciles de adivinar. Washington, América completa, la OEA, la ONU, la Unión Europea, la banca multilateral, el rey de España, el mundo sólo reconocen como presidente de Honduras al que democráticamente escogió el pueblo, Manuel Zelaya. Los medios no fueron censurados, se censuró a los medios oficialistas que apoyaban a Zelaya en su aventura hacia el socialismo del siglo XXI, porque en las condiciones actuales del país, se pueden sumar a la campaña para exacerbar los ánimos y arengar a favor de desordenes, convirtiéndose en los voceros del disparate de Zelaya. No estoy a favor de la censura, la aborrezco. No estoy de acuerdo en que se haya hecho, ni siquiera porque Honduras vive un estado de excepción, pero es una mentira del periodista el que trate de generalizar. Honduras no es Irán. Cadenas internacionales están ahí reportando, incluida la chavista Telesur. Por demás, de todo lo que acusan al ex presidente son verdades. Y sí, tal vez debieron detenerlo y enjuiciarlo, en eso se equivocaron, pero eso no quiere decir que no sea legal lo que hicieron. A Zelaya no lo derrocaron, lo destituyeron por incompetente y malandrín, aunque gente como usted, señor Sánchez Cristo, quiera tapar el sol con un dedo. Por eso todos los sectores de la sociedad hondureña han apoyado lo sucedido. Y si el mundo entero reconoce como presidente a Zelaya, sepan usted y el mundo, que el pueblo de Honduras y sus instituciones piensan que están equivocados, ¿qué le parece? Sánchez Cristo se pone la soga al cuello cuando, exaltado, sentencia: en una Centroamérica castigada históricamente por golpes militares con un reguero de muertos en el pasado reciente es inaceptable un golpe militar, constitucional o de Estado, al ganador limpio y claro en unas elecciones. Cada país tiene los mecanismos para hacer cumplir sus leyes y enjuiciar a sus altos responsables, incluyendo al presidente. Tiene toda la razón, pero justamente por eso lo de Honduras es correcto. No se violó la ley, se destituyó a un presidente que violó la ley por orden del Congreso y el Fiscal, y se le deportó. No hubo golpe de ningún tipo, hubo un Congreso que decidió destituir al presidente, por pretender, usando la fuerza, violentar la institucionalidad y la legalidad del país. Sánchez Cristo debiera saber que en estos sucesos hay dos cosas claras que su ignorancia o malas intenciones no le permiten comprender: fue sacado por la fuerza un presidente electo por los hondureños, pero este presidente violó una norma constitucional con la característica de pétrea, que condena a ese mismo presidente como traidor a la patria al intentar reformar la Constitución. La manera en cómo el congreso y el resto de las instituciones decidieron resolver el problema, es única y absolutamente de la incumbencia de los hondureños. Lo que en ese país ha ocurrido es una sucesión presidencial que ha seguido los caminos legales establecidos. Aquí no hubo conspiración cívico-militar y no hay una junta militar gobernando de facto. Y no habrá confrontación entre bandos en la calle como anuncia manipuladoramente el gacetillero con apellido de Mesías. Hay un presidente establecido en sustitución de un loco hijo de puta. Eso es lo que realmente pasa en Honduras, aunque Sánchez Cristo es de los tantos hipócritas de la prensa jacobina que no lo quieren ver. Dios libre a los hondureños de la diplomacia que propone el articulista, con Clinton, Carter, Arias, Gorbachov y Mandela (sólo De Klerk se salva), todos sin autoridad moral para inmiscuirse en la situación interna de Honduras. Cuidado Sánchez Cristo, estás jugando con candela. Como han dicho los obispos de Honduras, “el país sigue viviendo en democracia”, aunque le pese a los Chávez, Correa, Evo, Ortega, Insulsa, D’Escoto y Sánchez Cristo.
El cantante colombiano Juanes ha anunciado, tras una visita a Cuba invitado por el gobierno cubano en la que se reunió con representantes de la oficialidad castrista, que planea dar un concierto en Cuba, para el que ha invitado a otros artistas como Miguel Bossé, Ricardo Montaner y Luis Fonsi -Montaner ya dijo que no aceptará la propuesta. Creo que Juanes tiene todo el derecho de ir a Cuba y cantar allá si le contenta, como yo tengo el derecho de no comprar sus discos ni oír su música, porque a pesar de todos los premios que le ha dado la mediocre industria musical, me parece un pésimo cantante, con canciones repetitivas musicalmente hablando y unas letras que más infames y cursis no pueden ser. Pero dejando a un lado la valoración artística, lo que debería tener en cuenta Juanes es que está yendo a Cuba a hacer el papel de idiota útil, que va a darle legitimidad a un régimen que es responsable de miles de asesinatos en paredones de fusilamientos; de cientos de muertos en el mar, intentando la fuga del infierno a que los somete la crueldad de la dictadura castrista; de dos millones de cubanos exiliados por el mundo; de la falta de todo tipo de libertades; y de ser el régimen que más periodistas presos tiene en el mundo. ¿Concierto para cuál paz pretende dar Juanes? Este despistado muchachito debiera aprender un poco de historia. Debiera saber que el régimen de La Habana es el responsable de apoyar y entrenar a las guerrillas del MLN y las FARC, responsables de miles de muertos en su país y de décadas de terror, y que es hoy el principal enemigo de la democracia en Colombia. La ignorancia política puede ser un pecado capital de fatídicas consecuencias. Juanes no está midiendo la dimensión de su desatino. Y su exitosa carrera-gustos aparte- puede pagar los platos rotos. Su complicidad con el régimen cubano es una exaltación a la estupidez.
Manuel Zelaya ha sido depuesto por los militares hondureños, cumpliendo un mandato del Congreso, en lo que el mundo ha llamado golpe de estado, cuando en realidad no ha sido otra cosa que un acto justo en defensa de la democracia en Honduras; la digna destitución de un tipejo que quería a toda costa encontrar un camino legal para perpetuarse en el poder, siguiendo el mismo derrotero por el que han marchado su tutor Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa. Una pandilla que junto a los hermanos Castro representa el más despótico y despiadado autoritarismo latinoamericano. Zelaya se buscó lo que no estaba para él, cuando decidió ignorar un fallo de la Corte Suprema que le ordenaba rehabilitar en el cargo al jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Romeo Vázquez, a quien destituyó por negarse a apoyar la consulta popular que buscaba legitimar un referéndum para cambiar la constitución y alcanzar la reelección, mediante un fraude que fraguaba a través de la compra de votos. La Corte Suprema, el Tribunal Supremo Electoral, el Congreso y el Fiscal General ya habían declarado ilegal la consulta y el referéndum. Entonces, ¿si esto era ilegal y Zelaya se empeñaba en hacerlo violando la Constitución de su país, por qué el mundo está de su lado? Lo que hicieron los militares fue encarrilar nuevamente al país por el orden institucional y alejarlo de esa constelación antropófaga de dictadorzuelos disfrazados de presidentes democráticos, que buscaban sumar a Honduras a esa cazuela narcisista llamada ALBA en la que se cocinan las ideas más disparatadas y retrógradas de la reaccionaria izquierda de nuestro continente. Me llama la atención cómo los editorialistas y columnistas ven este fenómeno. Eduardo Ulibarri cree que fueron los militares los que rompieron el orden constitucional, cuando en realidad lo rompió Zelaya. Los militares sólo lo sacaron del juego para restaurar ese orden. Hasta ahora ningún militar ha asumido cargo alguno en el gobierno; ninguna junta dirige los designios de la nación. Es el líder del Congreso Roberto Micheletti quien asumió como presidente interino hasta que se celebren elecciones generales en noviembre. O antes. Daniel Mocarte tacha los sucedido como “conducta irresponsable de la clase dirigente hondureña, compuesta de civiles y militares”. Este señor afirma que “la única alternativa justificable era continuar resistiendo los designios autocráticos de Zelaya mediante instituciones democráticas como el Congreso y los tribunales”. O no está enterado de todos los detalles. O es uno de esos ingenuos latinoamericanos que deambulan por la prensa, como cómplices útiles de todas las causas perdidas, de todas las leyendas ideológicas que han hundido a Latinoamérica, tratando de ser políticamente correctos. ¿Por qué Mocarte si acepta que Zelaya es un “granuja político” plantea que había que permitirle que siguiera adelante con el referéndum, que ya se había decretado ilegal, que pretendía legitimar las intenciones de Zelaya de reelegirse mediante la reforma de una Constitución, que prohíbe ese tipo de cambios? ¿Había otra manera de impedir que Zelaya se saliera con la suya que no fuera exiliarlo a la fuerza? Sí, dos. Destituirlo y meterlo preso o asesinarlo. Se eligió la menos agresiva. En honduras no se rompió la institucionalidad señor Mocarte, se restauró. ¿Es muy difícil entender eso? El juicio político para destituir a Zelaya se lo hizo él mismo, cuando siendo la máxima autoridad violó la ley y abusó del poder. Y fue sustituido con apego a lo que dispone la ley. Los otros poderes del Estado hondureño tenían todo el derecho constitucional de echar del poder al "comemelones" de Zelaya. Sergio Muñoz Bata cree que “responder (…) con un golpe militar es una aberración”. Lo que hubiera sido una aberración era dejar que Zelaya se saliera con la suya. Y lo que es una aberración es que Muñoz Bata califique los sucesos de aberración y al mismo tiempo reconozca que Zelaya buscaba “eternizarse en el poder”. Lo que es una aberración es no darle batalla a un enemigo de la democracia. A un lobo que se nos quiere hacer pasar por cordero con sombrero. Un populista visceral que finge ser un democráta. El inefable Miguel Cossío se pregunta en fatuo alarde de retórica: “¿Hacía falta un acto ilegal para frenar otra ilegalidad?” El pretendido analista político debiera entender que en un país con separación de poderes, el ejecutivo no se puede insubordinar y violar la legalidad. Si lo hace debe atenerse a las consecuencias. Y si un presidente contra viento y marea se empeña en ir contra los otros poderes del Estado, que han decretado ilegal su accionar, y violar la ley, hay que detenerlo antes que lo haga, mucho más cuando este accionar busca cambiar la ley que le impide que esa ilegalidad sea legal. Los tiempos de la democracia son muy peligrosos cuando se enfrentan a locos ambiciosos como Zelaya y Chávez, títeres de Castro, director del manicomio. El general Romeo Vázquez, lo definió muy bien: “Nadie está por encima de la ley”. Esa frase establece lo que es el accionar de una verdadera democracia. Zelaya se puso por encima de la ley, y lo bajaron de su pedestal. De lo contrario, tal vez hoy Honduras estuviera inmersa en un derramamiento de sangre. Cuando vemos el apoyo popular a Micheletti, nos damos cuenta de que se hizo lo correcto. Para restaurar la democracia cualquier vía es buena, siempre que no instaure previamente algún tipo de dictadura. Lo que no entienden estos periodistas, es que con los granujas de la política no se puede poner la otra mejilla. Cuando se hace se termina pagando caro. La historia está llena de ejemplos. Cuba y Venezuela son sólo dos. El retorno de Zelaya a Honduras es inadmisible. La lección que nos han dado los hondureños es que la democracia no es un instrumento para llegar al poder que luego puede transformarse al antojo de un caudillo ambicioso, para usar ese poder de formar autocrática. Si Zelaya regresa, a Honduras le espera el mismo triste destino que hoy viven los venezolanos, luego de que no supieron mantener a Hugo Chávez lejos del poder. La OEA no tiene moral para pretender reponer a Zelaya. Es una estafa como organización digna. La dictadura militar cubana no puede ser un referente para negociar o exigir algo. El gorila golpista de Chávez menos. La ONU y Miguel D’Escoto son un fraude. Lo mejor es dejar que el pueblo hondureño y sus instituciones resuelvan este conflicto sin injerencia extranjera. Honduras, en su empeño por solidificarse como una democracia moderna, va a salir fortalecida de esta escaramuza entre la institucionalidad y el enfermizo autoritarismo izquierdista. Lo sucedido ha sido lo mejor para el país. Tiempo al tiempo.