sábado, 14 de noviembre de 2009

En México leyendo a Celan

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No le puedo decir al ojo de la extranjera: sé el agua.
Es el ojo que araña el suelo en la sequía.
Es el ojo sumiso en el que no bailan los reflejos.
En el ojo de la extranjera no encuentro a las del mar.
En el ojo de la extranjera no puedo llamarlas:Regina, Alba, Ana.
No puedo adornar el lecho de alambre de la extranjera.
No puedo adornar el reguero que habita el corazón de la extranjera.
No puedo decir a las del mar que duermo con ella.
No puedo dormir con la extranjera que no sabe saltar hacia el abismo.
Regina Alba Ana me duelen en la embestida de la sal.
No le puedo decir al ojo de la extranjera: sé la lámpara.
Yo soy la luz desde que dormí con ellas.

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